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viernes, 7 de octubre de 2016

Historia de San Sebastián



Historia de San Sebastián


Los padres de San Sebastián eran muy católicos, de origen italiano, luego se trasladaron a Francia donde procrearon un hijo llamado Sebastián, fue bautizado par el Obispo Policarpo,
En el 283 Sebastián fue a Roma con el propósito de ingresar al ejercito imperial para poder ayudar a los cristianos que sufrían persecución de parte del emperador. El  aprovechaba todas las ocasiones que se le ofrecían para propagar la fe entre sus compañeros de armas, misión que se había trazado: convertir almas a Cristo.

Diocleciano era cruel y corrupto y se distinguió por la sangrienta persecución contra los cristianos. Galerio era un labriego de Dacia que se había ganado la simpatía del emperador al derrotar al rey de los persas y agregar cinco provincias al Imperio romano. Maximiano era un soldado activo y enérgico, hombre sin educación, libertino, sanguinario, avaro y despilfarrador; derramar sangre era para él una diversión; se alía con Galeno para tratar de exterminar a los cristianos, llamados "los topos" (animales que viven debajo de la tierra) porque vivían encerrados en las catacumbas.

Todo el mundo sabia que Sebastián era cristiano, solo el emperador la ignoraba, es mas, admiraba su valor, gallardia y carácter, que la nombro Capitán del Pretorio Romano, con más de seis mil hombres baja su mando.

Sebastián se caracterizaba par ser culto, atento con las damas, servicial con todos sus compañeros de armas; leal en el cumplimiento de su deber, pero sobre todo, amante de Cristo, y defensor solicito de los cristianos perseguidos, esto hizo que quienes trataban con él se sintiesen atraídos. Siempre estuvo pendiente de sus compañeros cristianos y en momentos difíciles les exhortaba que confiaran en el Señor.


Por su elocuencia convertía a muchos paganos. Al darse cuenta Diocleciano de las muchas conversiones, reacciono con violencia y desato una represión sin cuartel contra los cristianos. Unos huyeron y otros fueron víctimas de la furia. Miles de cristianos fueron torturados. El soldado se preocupaba por los cristianos perseguidos, de día y de noche se le veía en las cárceles repletas, ahí les llevaba la santísima Eucaristía que escondía baja su uniforme militar

Sebastián se aventuraba demasiado, pues ante el tribunal aconsejaba a los acusados cuando estos querían renegar de su fe. El juez mando a detenerlo inmediatamente acusándolo de traidor y desacato a las ordenes imperiales, además fue acusado ante Diocleciano de profesar la religión Cristiana.

Este fue llevado ante el emperador, quien le cuestiono: ¿Como es posible que mi amigo y protegido, en quien deposite mi confianza encargándote tal puesto me hayas traicionado? Aun puedes reparar tu error, yo siempre seré tu protector especial, “pero renuncia a tu religión". Sebastián con la valentía concedida por el Espíritu Santo, rechaza enérgicamente la proposición y confiesa ante Diocleciano que él es cristiano y que jamás traicionará al verdadero Dios en quien cree fielmente.

El soldado fue condenado a muerte, la ataron fuertemente con duros cordeles, lo despojaron de su uniforme y distintivos de la milicia, dejándolo casi desnudo atado a un árbol, los encargados del tal ejecución fueron un grupo de arqueros barbaros de Africa. Los hombres salvajes cubrieron su cuerpo con una selva de flechas o saetas. Su cuerpo temblaba estremecido par el dolor, oprimido par los nudosos cordeles; sus labios sonreían en un gesto de acción de gracias, aceptando a plenitud el sacrificio. La vida se le agotaba, las fuerzas le faltaban... y, con el rostro miranda hacia el infinito soportaba el cruel martirio; todo su cuerpo fue erizado de hierros punzantes en forma de saetas.

(Así la ha imaginado la tradición popular a través de las edades cristianas; así la han representado los artistas en el lienzo y en el mármol, en las esculturas; asi la tenemos también nosotros representado en la bella imagen de nuestro glorioso San Sebastián, Patrono de Acoyapa).

Una vez cumplida la tarea de  muerte a aquel valiente militar, los feroces arqueros con sus aljabas vacías se retiraron de aquel lugar cantando torpes canciones, seguros de haber dado muerte a Sebastián.

Una piadosa mujer de nombre Irene, esposa de San Cástulo, fue a recoger el cuerpo destrozado de Sebastián que aun seguía con vida; la desato del tronco en que se encontraba y la llevo a su casa, donde curo sus heridas, hasta que se recuperó.


Sebastián no quiso huir ni esconderse sino que con la valentía concedida por el Espíritu Santo se enfrentó al tirano emperador, echándole en cara sus numerosos crímenes, demostrando una vez más su fe y fidelidad a Cristo.

Diocleciano no puede olvidar a Sebastián, pues lo admiraba por su valor y porte elegante de gran militar; su rostro lleno de claridad sigue grabado en su imaginación, esto le quita el sueño, porque aquella imagen no se borra de su mente.

Una mañana, bajando la escalera del palacio, oye que alguien pronuncia el nombre de Sebastián; Diocleciano cree que es una alucinación, que se esta volviendo loco, pero de pronto ve a Sebastián con el rostro demacrado y pálido a causa del martirio; le delata su actitud serena, la confianza de su mirada y las cicatrices que en sus brazos y en su pecho deja entrever.

Diocleciano al ver a Sebastián, asustado y colérico le grita: ¿quien eres tú que te atreves a venir a mi presencia sin rendirme el culto que merezco? Sebastián le contesto vigorosamente: Soy un hombre que viene casi del reino de la muerte, y habla de justicia, de misericordia, de perdón.

El tirano emperador le ordeno que le rindiera culto como a un dios y que le dejaría libre sin volver a molestarlo mas, y que además le daría un puesto más alto en la corte imperial. Sebastián rechaza con valentía aquel ofrecimiento diciendo; "Soy cristiano y estoy dispuesto a morir par Cristo, antes que rendirte culto a ti que te haces pasar como Dios y no eres más que un corrupto". La negatividad del soldado de la justicia encolerizo al opresor, mandando a terminar por completo a Sebastián a punto de golpes con mazos hasta quedar destrozado su cuerpo completamente.

Si la primera vez, manos piadosas le habían recogido casi aniquilado, curado sus heridas, esta vez sus ojos se cerraron para siempre, y su alma recibía en el cielo la recompensa del doble martirio. Esto sucedió el 20 de Enero  del año 288.

Unos valientes cristianos le dieron cristiana sepultura en Roma, donde hoy se encuentra la actual basílica de San Sebastián.

El pueblo cristiano, especialmente Acoyapa, invoca a San Sebastián como Patrono de este lugar, que proteja contra toda clase de pestes, plagas, enfermedades que afligen a la humanidad.


San Sebastián Mártir, patrono de Acoyapa Chontales





Fiestas en su Honor 




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